Crecí con el olor de pan recién hecho, entre leña, bosques y campos de cultivo. Mi bisabuelo fue el primer panadero de la familia, así que del pan a la leña y de la leña al bosque. Eso hizo que mi vida, desde  que recuerdo, esté ligada al bosque. Desde bien pequeña se convirtió en mi lugar, iba sola a encontrar mi paz interior; el silencio, los árboles, los pájaros y el sol me cuidaban y recogían, hasta que encontraba de nuevo la paz.

Al año de haberse constituido los nuevos ayuntamientos democráticos, a los veintiún años, entré a trabajar en la Federación de Municipios de Catalunya. En esta etapa se cambiaron la mayor parte de las cosas que venían del pasado, fue una época vertiginosa, en la que un esfuerzo colectivo transformó  pueblos y ciudades en pocos años. Por lo que a mi respecta, a los veintiocho años, después de poner mucha energía y mucha tensión, mi cuerpo y mi mente dijeron basta!

En esos años creía que mi resistencia era infinita, hasta que un día se terminó. Me sentía realmente mal, me dolía toda la espalda, dormía muchas horas, no podía levantarme, mi cabeza iba a mil y un gran cansancio me acompañaba; me sentía pesada, densa, cansada, deprimida. En aquellos años no sabíamos qué era la fatiga crónica o la fibromialgia.

Con el ánimo de alejarme de la política fui a trabajar a la Sociedad de Estiba del Puerto de Barcelona (Estibarna), que acababa de nacer, para dar cobertura laboral a los estibadores.

Durante esta etapa recibí una carta de mi ginecólogo notificándome que tenía una “displasia del cuello de la matriz”. El diccionario lo definía como “alteración de las células del cuello de la matriz”, “pre-cáncer”. El impacto fue total! Me desperté de golpe! De pronto todo lo prioritario se puso por delante, el enfoque de mi vida cambió en aquel instante.

En los últimos años me había olvidado de mí misma, ya ni siquiera sabía quién era, no tenía tiempo!  En ese instante decidí  “ser yo misma, en todo momento y circunstancia, pasara lo que pasara”, eso me permitió recuperar mi espacio vital, tiempo de silencio, de descanso y de recuperación.

Y así llegó el shiatzu, como puerta introductoria a mi nueva vida, en la que siempre conté con la ayuda, el apoyo y la confianza de mi compañero en todos estos años, Víctor Farré. Hace veinticinco años, transitar por la senda de “lo alternativo” era difícilmente aceptado y socialmente invisibilizado.

El shiatzu  es un masaje de origen japonés que estimula los meridianos de acupuntura para abrirlos a la circulación de la energía.  Fue un gran alivio para mi espalda y para mí. Me apunté a un curso. Las bases del shiatzu son las bases de “la Medicina Tradicional China”, y ésta proviene del taoísmo, igual que la cultura china.

Quedé atrapada por la visión de la realidad de los taoístas, su enseñanza está basada, no en el análisis, sino en la observación del comportamiento natural de las cosas, de los seres y de los sucesos.

Aprender Medicina Tradicional China con la profesora Li Ping, me abrió un mundo que yo jamás imaginé tan grande y tan extraordinario. Se abrió la puerta a un nuevo modo de ver y de pensar, ya que la Medicina Tradicional China es un modo distinto de observar la realidad, fruto de una visión radicalmente distinta a la nuestra, que proviene de una cultura milenaria y sólida.

Cuando empecé a experimentar con la acupuntura, la fascinación fue en aumento y aún no ha parado!  Aquí empezó un viaje que aún no ha terminado y que me ha llevado a conocer a grandísimos maestros, muy reconocidos a nivel internacional.

A la par que mis estudios de acupuntura, en 1990, empecé a practicar  Tai chi chuan. El Tai chi chuan es un arte marcial de origen interno. Me ayudó a recuperar, poco a poco, mi flexibilidad y mis fuerzas, a entrar en el disfrute del movimiento consciente y a sentir de nuevo mi cuerpo olvidado por años.

En 1991 participé en el primer ciclo de seminarios de Bioenergética taoísta, que impartió Juan Li en Barcelona. Sus enseñanzas forman parte de mí, y desde entonces mi vida jamás volvió a ser la misma. Tardé muchos años en digerir su enseñanza, ya que mi estado físico no me permitía asimilar la mayor parte de las cuestiones prácticas porque pesaba 20 kg más de mi peso natural. Estaba pesada, estancada y dolorida…

En  noviembre de 1996 conocí al Dr. Oscar Salazar, de su mano llegó el Qi gong. El Qi gong es un arte marcial de origen interno desarrollado por los monjes taoístas hace miles de años, que sirve para recuperar la salud. En el año 2008 me autorizó a difundir las enseñanzas. Es maravilloso ver la transformación que se produce en aquellas personas que incorporan el entrenamiento del Qi gong en sus vidas.  Siento por el Dr. Salazar una inmensa gratitud, ya que me ha conducido, con mucha paciencia, hacia mí misma. Es el regalo más valioso que he recibido en esta vida, el de la presencia, el de la conciencia, ya que es la luz que lo ilumina todo.

En algún punto del camino, mi “alma del bosque” sonrió y aún me dura. Me enraizó en la vida, todo adquirió un sentido, un orden, el natural, el de la naturaleza de cada cosa. De algún modo, este conocimiento me enraizaba de nuevo en toda mi experiencia profunda y temprana, así se cerró un círculo. El fuerte vínculo que sentí desde el inicio me permitió reconocer mi propio camino.

El mensaje que nos llega de Oriente es “restaurar la naturaleza original”, toda su medicina está enfocada a la restauración de la naturaleza original, es decir, al comportamiento natural de todas las cosas y los seres, con su ritmo natural.

Lo más importante es estar conscientes, estar presentes, vivir la experiencia que nos ha tocado vivir en su máxima plenitud, con la máxima consciencia. En esa presencia se desarrolla la vida plena y también la recuperación.

Esa es la gran enseñanza!

Con infinita gratitud!